El dolor y malestar que el COVID-19 provocó en el organismo de Patricia Giler es incomparable a otro que ella haya sentido en sus 51 años. Recordó que fue el cólico más intenso acompañado de fiebre, dolor de cabeza, diarrea y la falta de oxígeno que la tumbó por completo. “Caí muy mal el 24 de marzo, me dio de todo. Pasé cinco semanas aislada. Y luego empecé a hacer mi vida normal. Sin embargo, hace unos días todos esos mismos síntomas volvieron a mí de un solo golpe”, contó ella.

Médicos se mantienen en alerta ya que como el caso de Patricia, otros guayaquileños que fueron de los primeros infectados en marzo han vuelto a sentir los síntomas.

Esto ocurre también en pacientes a nivel mundial, por lo que científicos de China, Alemania y Estados Unidos apuntan a que los anticuerpos desarrollados contra el virus pueden durar tres meses, es decir, un muy corto plazo.

En el portal médico Medescape se menciona el estudio de expertos de la Universidad de Lubeck, en Alemania, en el que detallan que en grupos de 110 personas positivo de COVID-19 y con síntomas leves a moderados el 29 %, es decir 31 personas, no mostró anticuerpos IgG medibles en sucesivos análisis en los 50 días posteriores a la infección.

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Asimismo, en otro estudio de la Universidad de Medicina de Chongqing, en China, se documentó un brusco descenso de niveles de anticuerpos IgG después de dos meses, con mayor caída en quienes cursaron la enfermedad sin síntomas.

Este lunes se publicó un nuevo estudio de los investigadores del King’s College de Londres que examinaron anticuerpos de más de 90 pacientes y mostraron que el 60 % de ellos dio una respuesta “potente” en las primeras semanas posteriores a la infección. Sin embargo, después de tres meses, solo el 16,7 % mantenía un nivel alto.

Todos estos estudios en pacientes más un cálculo matemático alertan a Ecuador de que en agosto próximo podría haber una segunda ola de contagios en Guayaquil.

Según el doctor Rafael Lozano, investigador del Instituto de Métricas y Evaluación de Salud (IHME) en la Universidad de Washington, si las medidas de flexibilización avanzan, Ecuador pasaría de las 4939 muertes registradas hasta el pasado 9 de julio a más de 21 300 para el 1 de octubre.

El infectólogo y catedrático de la UEES, Washington Alemán, explicó que Guayaquil se mantiene alerta y que hay la disposición de seguir al máximo los cuidados de bioseguridad porque esta inmunidad al virus puede ser pasajera, fugaz.

“Hay denuncias de relajación de la comunidad y eso no debe pasar ya que esta inmunidad podría ser transitoria y lo que se desea evitar es que haya más contagios o peor reinfectados. Necesitamos superar esta pandemia con vigilancia activa y los ciudadanos deben cuidarse al máximo, no bajar la guardia”, insistió Alemán.

A más de esta posible pérdida de inmunidad, expertos alertan que hay pacientes que fueron confirmados COVID-19 y no desarrollaron inmunidad o al menos esta no es detectada como en el caso del epidemiólogo Francisco Andino.

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Él comentó que se realizaron tres pruebas tipo PCR y una antígeno nasofaríngeo en la que se comprobó que “definitivamente era positivo al virus”.

Ya recuperado se hizo nuevas pruebas. «Luego me salió resultado negativo al virus y que no tengo ni tuve reflejada la inmunidad”, contó el doctor.

Añadió que en casos como él, que no reflejen anticuerpos, los cuidados se extreman al máximo. “Por ser parte del equipo médico, de primera fila al control de esta pandemia, pues el cuidado aumenta. Ahí viene el criterio personal y los autocuidados. Por ser factor riesgo en la parte profesional tomo quimioprofilaxis para estar protegido”, explicó el experto médico.

Afecciones siguen pese a estar estable

Médicos indicaron que se debe tener mucho control con pacientes que superaron el virus en hospitalización y ahora se recuperan en sus hogares, ya que los rezagos de esta enfermedad afectan directamente a los pulmones, corazón, hígado, riñones, entre otros.

Alberto Campodónico, intensivista del grupo hospitalario Kennedy, explicó que hubo pacientes que salieron con éxito de las terapias intensivas y hospitalización, pero con el pasar de los meses su salud nuevamente ha decaído.

«Es preocupante ver casos así que con tanta gratitud y alegría salen de alta, pero nuevamente se enferman. Por eso se pide que los chequeos sean continuos para descartar daños que haya dejado el virus. La vigilancia debe ser hasta seis meses después. (I)

Fuente: Diario El Universo

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